Notitas A Través Del Muro
Escrito por: Ramiro Zamora, Jr.
Era una primavera apacible en las haciendas mexicanas. Donde los vecinos no tenían vallas entre sus propiedades. Érase una familia rica en amor y respetuosa que tenían a un joven llamado Rigo Alberto que exploraba por las haciendas. Se subía al árbol a recolectar peras y disfrutaba de ellas. De pronto, unos días después se mudaron unos vecinos a lado. El joven se dio cuenta de que también había una jovencita de su edad llamada Mar. La vio con un vestido y zapatitos blancos, y en su cabello traía un listón que usaba como liga; tan rojo como el amor. Sin embargo el padre de la señorita Mar llamado Don Julián no era igual de amoroso y cariñoso. Más bien, a él no le agradaba que su hija jugara con el joven. Le decía que no se metiera con él porque no le conocía ni sabía cuáles eran sus intenciones. Y de noche ambos jóvenes salían a recostarse en el pasto para ver las lumbreras en el inmenso espacio. «Mis padres dicen que después de partir de éste mundo nos convertimos en una de ellas. Y cuidamos a los que quedan aquí.» comentó Rigo Alberto. Luego volteó él para deleitar de la faz de su nueva amiga y veía que ella tenía una sonrisa tan atrayente como esa noche y sus ojitos tan brillantes como las lumbreras en el cielo.
¿Será por mala suerte o por destino? pero fue tarde o temprano que la familia se dio cuenta que su hija no obedecía las órdenes. El papá se enfadó tanto, que comenzó a construir un muro de cinco metros de pierdas grandes y cemento hasta llegar al río para poder separar a aquéllos amigos para siempre. Desde ese día su amor fue puesto en pruebas y retos.
Llegó el cumpleaños de Mar y aquél joven cogió unas Bugambilias en una maceta estrecha y las reposó arriba del muro. Para que Mar viera que él no se olvidaba de ella. Se trepaba Rigo Alberto del árbol al muro para regarlas. Recorrieron los meses y las flores se fueron haciendo enredaderas en ambos lados del muro. Y cada mañana Mar salía a cantarle a las enredaderas: «Creced mis preciosas, creced. Aún existe aquél; aquél quien me ama y aguarda. Creced mis preciosas, creced. Sabed que algún día feliz seré, justa con él partiré.» Y he ahí, crecían conforme el tiempo pasaba.
Rigo Alberto tomó una cuerda y canasta llena de peras y la bajó para regalarle algo de él a ella; todo esto lo hizo de noche. El joven recostado en el muro platicaba con la señorita Mar acerca de su belleza y que pronto se la llevaría con él. ¿Será por mala suerte o por destino? pero el padre de Mar había encontrado peras mordidas en el pasto. Y Don Julián le exigió a ella que no comiera jamás del fruto prohibido.
Aquél joven después cogió una cuchara y comenzó a cavar un hoyo por el cemento. Y por fin, llegó al otro extremo del muro y cuando Mar jugaba en el patio, él le llamó por el hoyo. La joven movió las enredaderas y notó el agujero. Ambos se volvieron a ver. «¿Me podrás regalar una sonrisa tuya?» le preguntó el joven a ella y Mar sacudió su cabeza diciendo que sí. Luego, estiró el joven sus dedos metiendo un papelito enrollado y la jovencita también metió sus dedos para ir por él. Lo agarró y lo leyó:
¿Quieres ser mi novia?
Sí o No
Y le regresó el papelito amarrado con su listón rojo. Ya ni tuvo que desenvolver el papelito, porque él ya sabía la respuesta:
Sí, acepto.
Esa misma tarde Don Julián le preguntó a Mar: «¿Qué tanto haces en esas enredaderas?»–«No mucho papi. Nada más cantándoles a ellas y arrancándole sus florecitas.»–«¿Y a tu listón, qué le pasó?»–«Se me debió de haber desatado cuando estaba jugando.» Y Don Julián le vio una florecita detrás de su oreja y nada más le dijo: «De acuerdo cariño.» y le besó en la frente. Así se comunicaban los enamorados, cada día se intercambiaban notitas a través del muro. Más y más se enamoraban y retenían el gozo por esto.
De nuevo el joven le escribió una notita diciendo:
Vé al árbol esta noche, te quiero ver,
mi estrella.
Entonces fue Mar a verle. Alzó la vista y miró a Rigo Alberto que era iluminado por un quinqué que llevaba en la mano. Y viendo el joven a ella, ojo a ojo, sonrió. Sentado arriba del muro, el joven quiso brincarse para estar con ella. Mas la señorita Mar preocupada le pidió que no, porque no quería que algo malo le pasara. Mas el joven no hizo caso, tomó la cuerda y la ató a un pámpano del árbol y se bajó. Al momento de tocar tierra ambos se abrazaron como nunca. Mientras ellos allí ¡Don Julián se despertó! Y cuando notó una luz que venía de su hacienda se alarmó. Salió con su arma y se enfureció más cuando vio a su hija en los brazos de aquél hombre. Voltearon los dos y vieron quién estaba parado a distancia, estaban tan asustados que ni podían reaccionar. Rigo Alberto se apuró en subir la cuerda pero se rompió el pámpano y no le quedaba otra cosa más que huir hacia el río. «¡Llévame contigo!» rogó la señorita Mar tomándole la mano.
Por lo tanto ambos corrieron hacia el río con Don Julián lanzado detrás de ellos. Llegaron al río y vacilaron un momento. Vieron que la corriente del río era arriesgada. Suspiraron los jóvenes y se vieron ojo a ojo y sacudieron la cabeza señalando que era tiempo de saltar. Sin decir más, saltaron los dos al agua y el padre siendo bien tremendo, también saltó.
Tres seres en un río peligroso, batallando contra la corriente por la vida. Estaban abrazándose los jóvenes, cuando de pronto los volteó la corriente, con la espalda de Rigo Alberto yendo con la corriente se golpeó la cabeza contra una roca, sacándole el aire y las lágrimas. Haciendo el joven la lucha para hablar dijo: «Te...te am...te amo.» y expiró. Esas fueron las últimas palabras de Rigo Alberto a Mar. Con eso, la jovencita soltó un llanto que despertó a los vecinos. Salieron y viendo a los dos jóvenes mantenidos por la roca; les sacaron a los dos con una vara, con el joven ya sin vida.
Llegó la mañana y ya todo estaba en paz. El padre de la joven había desaparecido aquélla noche, jamás le encontraron. Hubo unos días después un velorio para Rigo Alberto que murió por el amor. Y regresando la señorita Mar a su hogar tomó un papelito y lápiz. Escribió en él, después tomó su listón rojo y lo amarró al papelito. Se dirigió a las enredaderas y metió la notita en el hoyo que el joven Rigo Alberto había hecho. Con dando la espalda al muro se dirigió a su casa.
Pero algo maravilloso pasó. Las raíces de las Bugambilias se habían implantado en el muro y crecían tan gruesas que brotaban por todas partes de él, causando grietas en el muro. Y allá en el cielo brillaba una estrella más bonita que las demás.
«El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece...todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser.» 1ª Corintios 13:4-8 (RVR60)
Fin
Hoooooooo!!! que hermosa historia no cabe duda que a veces el amor es dificil pero hay que superar los obstaculos que se tengan en el camino. :) Felicidades mi amigo tienes un bonito talento,me hace vivir las historias, al momento de estar leyendolas me llevas a imaginarlas en mi mente y poder sentirlas de cerca. DTB grandemente!
ResponderEliminarLa verdad Ramiro el cuento me llego profundamente en mi corazón, me acabas de hacer llorar y no te lo reprocho. Te quiero mucho, tienes un talento impresionante.
ResponderEliminarCuantas veces cerca del amor!!! :(
hey mi amigo!! Wow que chevere cuento!! Me quedo sin palabras ! :D mís respetos! Y más porque habla del amor y con uno de mís versiculos que más tengo presente en mi vida! Quiero decirte que eres una excelente persona! Y un gran ejemplo de ser cristiano :D y para mi! Te quiero mi hermano Dios te bendiga siempre y espero verte muy pronto!!
ResponderEliminarlástima que no es como el face y le pongo me gusta! :D
ResponderEliminarGracias por los comentarios, de veras lo digo. ;)
ResponderEliminarsale! no te vallas de Leon! te queremos! :)
ResponderEliminaray mi madre... k emocionante! aunque yo no podria hacer una historia asi, no se me dan mu bien, seria bastante mas dura, tu eres muy suave jajaja a ver como lo digo... muy sweet..? XDD joe no se como explicarlo con otras palabras jajaja
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